¿Cómo camina un pesilat? Quizás nunca te hayas hecho esa pregunta, o quizás sí, en cualquier caso, conocer la respuesta es importante, pues la manera en la que te desplaces determinará la efectividad de tus actos, la pisada es la base sobre la que se construye todo el movimiento.

En las antiguas selvas de Indonesia, el Pencak Silat no era simplemente un arte marcial, sino una manera de vivir en un entorno salvaje. El caminar de un pesilat no era descuidado ni ruidoso, cada paso era silencioso, firme y adaptable. En definitiva, eran conscientes de cada uno de los pasos que daban.

No creo que, aun hoy en día, sea una locura preocuparnos sobre la manera en la que pisamos. Del mismo modo que los pies son la base de nuestra postura, el calzado que usamos a diario influye directamente en cómo se mueve todo nuestro cuerpo. Las zapatillas convencionales suelen tener suelas gruesas, puntas estrechas y refuerzos rígidos que limitan la movilidad natural de los dedos y de la planta. En lugar de permitir que los pies se expandan, se adapten al terreno y actúen como amortiguadores, los encajonan y los hacen dependientes de esas mismas zapatillas. Con el tiempo, esto no solo debilita la musculatura del pie, sino que también afecta a las rodillas, caderas y columna.

Por eso, desde los primeros pasos de un niño o niña, es esencial darle libertad a sus pies. Andar descalzo en casa, en el césped o en superficies seguras permite que la planta trabaje, que el equilibrio se desarrolle de manera natural y que la coordinación mejore. Caminar sin barreras fortalece y educa al cuerpo entero en un movimiento más fluido y consciente.

Lo bueno es que hoy en día existen zapatillas diseñadas para imitar la experiencia de ir descalzo, calzado barefoot. Calzado flexible y ligero, que protege de los elementos externos sin comprimir ni condicionar la forma del pie. Estas zapatillas permiten que la pisada sea auténtica, que el pie se expanda en cada paso y que los músculos trabajen como lo harían de manera natural. Afortunadamente este tipo de calzado comienza a ser la elección más habitual en calzado infantil.

Esta forma de caminar libre es la que debe perseguir cualquier pesilat.

El pie nunca se deja caer, el apoyo se construye en tres fases:

  1. Apoyo del metatarso o borde externo: primer contacto, ligero y silencioso.
  2. Asegurar el paso: estabilizar sin cargar aún el peso completo.
  3. Apoyo total: talón y planta, brindando firmeza y conexión con el suelo.

Este proceso permite moverse con suavidad pero con control. Nos permitirá ser ligeros, hacer un rápido cambio de dirección en cualquier momento y a la vez tener suficiente firmeza para «enraizarnos» con el suelo.

Además, es muy común que estos pasos (que se consiguen tras un entrenamiento constante), se den formando triángulos entre ellos, permitiendo estabilidad y movimiento al mismo tiempo, siempre y cuando los pies no estén demasiado juntos ni demasiado abiertos, el equilibrio debe ir siempre acompañado de la capacidad de moverse en cualquier dirección. Pero ten esto en cuenta, el «caminar» se debe entrenar en todas las alturas, atas, tengah, bawah, trabajando incluso el reparto de pesos y el apoyo de manos cuando así se requiere.

Este tipo de desplazamiento recuerda a los animales que inspiraron las escuelas de Pencak Silat. El sigilo del tigre, que apoya primero la punta de sus patas antes de soltar todo el peso, el ágil mono que nunca se queda estático o la serpiente que cambia de dirección de forma inesperada.

Podríamos decir que caminar en Silat es un arte en sí mismo, no un simple medio para llegar a otro punto, es parte de la estrategia. Y aunque hoy no practiquemos Silat en la selva, sino en un tatami o en cualquier tipo de suelo, el espíritu del pesilat en las antiguas selvas sigue vivo,caminando ligero pero firme, silencioso pero preparado, siempre listo para responder a lo inesperado.

– Xabier –